Versos para leer con paraguas

Versos para leer con paraguas

Aldo Méndez

Il. Mariela de la Puebla

Ed. Mil y un cuentos

-Me parece que tengo melancolía

-Pues arrópate el alma con poesía

Si hay un libro adecuado para una semana lluviosa es este. Abres cada página como quien abre un paraguas y te dejas salpicar por cada una de las gotas poéticas que Almo Méndez nos regala con su maestría a la hora de conseguir que las palabras lleguen dentro, muy dentro de cada una de las personas que tiene la suerte de escucharle o de leerle.  No sé con cuál me quedaría. Si con aquel que explica que “cada noche mi abuela con sus tijeras/ tejía vientos y ventoleras/ si llegaba la lluvia sin su permiso/ ella tejía un mágico hechizo/ pero se fue la abuela y nadie sabe/ en qué lugar escondío las llaves” o con ese otro que nos enseña el ciclo del agua de una manera tan sencilla y tan poética a la vez, os dejamos la versión que hicimos en forma de videocuento:

“Tin tin la lluvia cayó ella juega conmigo y con ella yo…” Las guardas de este poemario ya nos reciben con un agradable goteo de poesía que nos va a acompañar a lo largo de todas las páginas como si fuera una lluvia fina, una invitación a disfrutar de la lectura pausada y poética mientras fuera, fuera de ti, de mi, del mundo, cae un aguacero que no nos moja porque tenemos entre las manos nuestros versos para leer con paraguas. Aldo J. Méndez, poeta cubano residente en España, nos regala un auténtico manual para descifrar la lluvia a partir de distintos sentimientos. Con una riqueza poética amplísima y a través de estribillos, retahílas, cuentos infinitos, romances, sonetos y otras estructuras, el lector va conectando cada poema con la nostalgia de una tarde gris, el alboroto que provoca una tormenta o la ilusión del inicio de un nuevo amor con esas primeras gotas que anuncian chaparrón.

Destaca también el juego con los tonos de cada uno de los poemas, cálidos si hablan de sentimientos alegres y oscuros o fríos si se refieren a otros más melancólicos o nostálgicos. También juegan las letras con sus tamaños, aumentando los títulos y disminuyendo las partes pensadas para ser susurradas, provocando otro juego poético dentro del propio juego poético de ilustraciones y textos. Es un libro que cala firme entre lectores poetas y no poetas. Al fin y al cabo, todos hemos visto llover alguna vez. Por eso no está de más, a veces, coger unos versos con forma de paraguas y leer mientras fuera el mundo sigue girando y nos da igual porque tenemos el sol, la lluvia y la tormenta entre las manos.

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Holaaaaa, que me lleva la oooolaaaaaa… Buenos días curis@s, los

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